lunes, 13 de febrero de 2012

        


 Una hermosa mariposa, su exacta decoloración.
 Se ensancha y mueve su posible hueco en el aire.
 Pasa rozando mis dedos del pie, luego el rostro.
 Se aquieta en la baldosa borravino, me sobrevuela la cara.

 Me hace aquietar esta tarde.
 Sentirme dentro de ese vuelo naranja y esa independencia del vacío.
 Me voy hacia sombras y ramas.                     

martes, 31 de enero de 2012

Viajábamos, por distintos lugares, interminables, de ida al sol, a la vuelta con la sombra. O al revés.


 Inevitablemente la luz se irá rasgando, con latidos fuertes y tenaces.
 Los azules naranjas en donde se desplomaba aquella mañana hacía recordar la ferocidad de la paz.
 La panza colmada de felicidad hasta las entrañas, inquietándose a cada rayo de sol.


 Como merma la esperanza, el suelo se desintegra en el corazón marchito de los cuerpos  sudados.
  Las lagunas y los álamos que se envician de fuegos y cataratas, de estrujar y de expandir, de herir y de sanar.
  Algo va a pasar. Cuando los desatinos de las horas reclamadas se lleven la mirada hacia el horizonte sin ninguna vuelta atrás.
  Como una ola que tape el cielo.


  Debió levantar los párpados y volver a caer. La escena desde la distancia se veía opaca y fría.
  El rayo como silencio por la espalda y una abrumadora burla que se estrujaba por el pecho hacia un encuentro discontinuo.
  Pensó en tomar el té, mojar la galletita de limón en la oscuridad caliente y borravino , y mientras los estruendos seguían allá afuera,
  con la ventana abierta escribir el dolor que lo haga dormir.

lunes, 9 de enero de 2012

San Miguel

 Volando regresaban a un estado superlativo de la memoria.
 Como en un compás rítmico preciso en lo cromático, del tiempo y los colores.
 Lavan sobre los colores de la paz, innumerables exactos procesos.

 De los olores a menta y a garzas que eructan sobre los techos de los árboles se encuentra un pescadito, dorado en su tamaño, que revolotea entre las aguas del lago de San Miguel del  Monte.

 El galgo que nos acompañaba se llamaba…

Frescas

 Hay garzas morenas entre los frescos de maizales, allá por el lago.
 En los febreros de la siembra, se planta y se crece un Algibe, fruto de la raiz del
 Vientre de su encía.

Le molestaba, se la quería quitar. Luego se arrepintió y mostró cara de desagrado en cada circunstancia que así lo requería.


 Oscilantes las ametralladoras de lo horroroso, se encarnaban en la noche.
 Muertes y más truenos, y truenos desequilibrantes.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Arazias en el fondo del linaje, desembocando en las montañas perdidas, por los colores de los laberintos.
 La letanía intacta que acariciaba los cielos del silencio, allá por la bravura del Camposanto, donde se enrojecen las viñas por añejas
 y donde los gauchos dejan su impronta en los ejes de la justicia.
 Trasladadas ahora las viejas guardias, los viejos remansos de aquellos que a trastes prolijos han sacrificado rebaños,
 un mar hondo de silencios con jugosas esperanzas consuelan las noches trémulas de misterio.
  Pero han hecho bien ellos que se han ido, que han abandonado.

lunes, 12 de diciembre de 2011

  Perdido por la nostalgia de la trascendencia,
  en la que el pueblo hizo sus matrices culturales a base de un bloque de poder,
  la fuerza en la batalla por lo popular se absorbió pero puede refulgir
  en el fuero interno de cada momento.


 Y ahí fue cuando se redujo, bonito que cantas. Cuando apelmazó  su cuerpo en
 sin fin de cueros bailando con vegetales de la elegancia.  Cuántas noches, inolvidables aquellas que se volaban,
 como esperanza en la mano, como tierra volteada de minerales; gravedad  transformada en los intestinos.
 Déjala venir. Asume la influencia del latido sobre tu tiempo tranquilo
 y asegura el ritmo en la perfección de moverte.
 Ya no lo olvides, empieza por rastrearte, luego por secarte, luego por mojarte,
 ahora, cuando quieras, nada nos va a parar.
 Al menos la relatividad , al menos lo sin fondo, al menos el vacío o la desintegración.
 Al menos las palabras gastadas,
 una pierna que respira.


 Y ahora la pregunta que se instala en la punta de la lengua.
 Afilada dispara, toda descontextualizada, toda asegurada. Trocitos de madera.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Fantasmas en la noche

  Ese hombre contemplaba desesperanzado,
  la frescura de la noche en la palma de la mano.

 Aquella madrugada, a la 1:30am, un solapado sueño con rostro de fantasma vino a buscarme. La luz tenue del cuarto y el silencio abismal teñían de ingenuidad aquel cuarto, mi cama. Las sábanas desplazadas olían a frescura de verano.  Pero esa noche realmente sentí que me moría.
   El sueño me fue chupando como la muerte que viene a buscar lo que es suyo. Mi cuerpo inmóvil en el costado izquierdo de la cama no podía luchar contra esa fuerza succionadora que me anclaba en la conciencia , y me desfiguraba el rostro, y me rompía los huesos. La sequedad en la boca, la lengua para afuera, la garganta que se abría. La imagen en el centro de la mente con la certeza de que aquella figura entraría por la puerta de la terraza, contigua al cuarto, con la puerta abierta para el final del acto. Que descendería cual  jinete de su caballo y cortaría cabeza como rebanada, en el instante justo antes que de las brasas del infierno desciendan mi cuerpo hacia el vacío.Dos muertes me atacaban, la muerte sobre la muerte.
  La imagen fija, yo seco, desesperado ante cada segundo milimétrico que pasaba reducido cada vez más mientras el fantasma  por la puerta, por las ventanas, se esparcía entre el polvo y el viento feroz de la noche. Sin embargo el vendaval ya había pasado la noche anterior y sólo corría la brisa. 
 Recuerdo un solo pedido de auxilio, casi inservible, casi desesperado: Luqui!!!
 Un segundo de conciencia y pude… sólo un pensamiento. Sólo un acto de conciencia o un microsegundo que me alzó de la profundidad. Sólo un acto de un músculo. Quizá un tendón. Quizá una célula de glifosato que reaccionó. Quizá las entrañas.
 Pero lo que me salvó fue tener un sueño dentro de un sueño. Un cuento dentro de un cuento. Quizá una enseñanza. La nostalgiosa siempre engaña, pero en cuestiones de raíces ancla el corazón y el alma hasta en el más hondo subsuelo del inconsciente.
 Luqui de niño me había dicho un día luego de contarle que sufría por pesadillas :
“Es simple, sólo pensá en ese momento que vos podés vencerlo. Qué vos podés controlar el sueño. De alguna manera, lo podés controlar y lo cortás cuando querés”.
 No sé si era un sueño o qué, pero aquella noche realmente vinieron los fantasmas para el juicio final. Para saciar el alma de mi cuerpo que se hundía súbitamente, trozo a trozo.  Pero aquel anhelo de respirar, sólo el recuerdo de un consejo salvó la muerte sin sentido.

martes, 15 de noviembre de 2011

Encuentro el cielo tan esperanzador que alzo la mirada en un vuelo de pájaro y enturbio mi sangre para que las superficies que lo abundan se acerquen, como abejas habitando la morada; como  roedores de los callejones. Sin saber,  la ráfaga atosigó los lamentos en un solo suspiro. Y la mirada ya al vacío no encontró fluctuaciones ni diversión que lo remediara. Música para la noche, eso necesitaba.  Y un ruido de latas crispándose en la jerga de los que se establecen  e incorporan en medio del aburrimiento. La falta de sentido. La falta de amor.

 Un día como hoy se escurrían sobre los discursos de los amados, todas esas incongruencias dejadas al azar que se volvieron compromiso, sustancia, casa y niños. No lo quiso, no quiso que sea de ese modo pero sucedió así ¿ Escribir para borrar o escribir para confirmar?

¿ Cuál es la influencia del no deseo sobre la energía puesta sin querer ser incorporada? Esa fuerza se acabaría de algún modo, no natural.

 Por más que aparezca en el cielo naranja la sustancia que deja la tarde, siempre unas gotas  toscas y fatigadas pueden aparecer. La hora de la siesta ha pasado y cada vez  falta menos para no esperar nada más.

  Y en el vacío de la sombra acaramelada, un instinto, el de poder traspasar las barreras de la arrogancia por sobre lo humano. La bestia desatada a una razón ordinaria que no encuentra los hilos por donde esparcir su sombrío dolor.

 Es sabia, ella es sabia. Teje todas las mañanas las manos que la acarician, y cuando no, se clava un puñal en el alma y a seguir. Ella no tiene palabras, por eso actúa. Tiene lenguaje, por eso no habla. Tiene paciencia, por eso desborda.  Escucha.

 Cuándo mojarán las manos aquellos que han sentido latir el ritmo, sus dedos, su plexo, su médula, siempre en la búsqueda.

La manta que coje el mate, de la era puyerenguera, Melina tomaseta, baile guerrrera, déjala venir a su tierra santa.  Bonito que cantas. Petrona, a nacimiento de villa dónde, tranquilo, pa que bailes otra ve.