sábado, 20 de agosto de 2011

Hay



  Hay recodo en el camino, parte sin sustancia. De todos modos yo creía acompañarte, siempre, de algún modo.  Volverán a pisarme tus rastrojos, de pensamientos que ya han pasado, de costilla a costilla. Que mueren en lugares y nacen con lo verde del día, en zonas oscuras, móviles y distantes, como la paloma que golpea y acaricia mi ventana. Allí, tiempo atrás, iluminaba la caída de la tarde sobre tu espalda. Y yo moría por besarla.
   Calor que quema. Hombres que mueren en brazos de la libertad. Libertad que no duele y es única, que llama a los que la buscan. Que tiene tiempos y pies, y brazos para abrazarte.  Cuando un estruendo dice apagar mil soles, y se caen las lluvias a la tierra, es porque el barro quiere formarse, quiere hacerse gota, quiere hacerse agua en inundaciones, y quiere hacerse árbol para el conocimiento. Árbol para el animal, que lo trepa, que lo lleva, que lo envuelve en ventilaciones y gestos, en noches arañadas por la oscuridad. Cuando la selva se retrae hacia el bosque y el jardín es una madriguera tapando el manantial, el horizonte es un piso flotando. Hacia mi, vuela una mariposa y se pone acá, reposa en mi costado y se sube a mis costillas. 

jueves, 18 de agosto de 2011

y detrás


    Y detrás de las canciones, sobreseyendo los ojos,
    conjugando las palabras que perforan. La protuberancia,
   La presencia de estar ahí,
   los claveles subrayando el pelo.
   La impronta de que digas mi nombre en la oscuridad.

   Y  de haberlo calculado, hubieses traspasado la linealidad de los asuntos, por sobre los claros bajo fondos; los gorriones, las gaviotas,
    picoteando fino. La lacerada estampa donde cada noche hundes tu pecho frente al silencio.

domingo, 14 de agosto de 2011

Pedazos


  Pedazos tras pedazos se van llenando el vacío de la conformidad,
  Donde la nube apelmasada recicla el día, y el llanto se hunde mar adentro esperando la salvación.
  Corre, corre, entre la astucia y la desalentada magia de los caminos. Corre, recorriendo los misterios.
  Las oscilaciones de tu memoria tienen raíces en tu cuerpo, y aunque las perturbaciones de la realidad te deformen,
  siempre aparece el centro medular.
  Ladran aquellos que no entienden. Ladran para escapar a la realidad y su sueño desconmensurado.

la risa


  La risa carcome el alma, y destruye la sigilosa profundidad del desierto.
  Un atisbo de la buena memoria encendiendo el fuego desde el vientre, fauces salidos, vértebras rotas.
  Uno no ama a quien abandona, uno estremece la partida al llegar al inicio. La corazonada se vuela en
  un pecho abierto sin destino. Emprende el viaje hondo y risueño, la dulce torcaza, la estrella sin fin. El camino
  se ha sesgado, se vigoriza el lento esperar. Se ha vuelto carne sobre la velocidad del viento. Ha traspasado la cobardía.
  Una rima rebelde, estupefacta.

sábado, 6 de agosto de 2011

"Metáforas desde la naturaleza y delirios en rama, frente a historias que quieren ser".

“Metáforas desde la naturaleza y delirios en rama, frente a historias que quieren ser”.
                                                      
Tenía la esperanza de juntar saliva y encontrar un latido en el fondo de la naturaleza. La montaña acicalaba su rascacielos con aquietados manoteos como mono cola de león a su desparramada criatura en su cabellera. Las venas afiladas esperando el aire caliente. Los tiempos, aquellos tiempos donde la muerte ensangrentada detenía un invierno cuajado, como la violencia asesinada dentro de lo oscuro. Como una sonrisa entrecortada desafiando al destino. Así, mientras me repetía que no debía repetirme, siempre algo nuevo, siempre variar, siempre sentido sobre lo sin fondo, crujía sobre la inquebrantable melodía una expectativa traicionada. Iba a haber, estaba seguro que iba a haberme sobre la incerteza corroída.
  Viento en popa sopla el cuerpo lo enraizado de su envoltura, acariciando libertad ya lograda por alguien  pero libertad al fin ¿O acaso no tiene mérito alguno eso?¿ Cuántos tipos de felicidad existen? Alguien ha dicho "si te pones a pensar pierdes", la vida de un tirón, las sustancias y los elementos conjugando una orquesta del voluntarismo sobre la estrepitosa realidad. La lógica del acontecimiento. Como la saliva que encuentra el cuenco vacío donde formar su viscosidad y hacer germinar como agua, como malta, las bocas sabrosas esperando su jugo. 
  Junté a la elegancia que tenía preparada para una ocasión así, la disfracé de payaso y se movió entre la certeza de libertad y la mueca burlona, danzando con los zapatos negro crayón. Un Dios descerebrado, una enigmática intuición; la benevolencia en que todo salpica hacia el espanto. La solapada desesperanza de querer ayudar ¿A quiénes se preguntan? Y ahí la descomposición de todo, un arrayán en la centella de los lagos perdidos, la flor descosida; la camisa deshilachada frente al menjunje donde las dolencias se apuntan.  Un Dios desesperado, el retazo sobre la cama, la mujer preñándose en el almíbar de la dulzura  ¿y quién quita la pena? Los deseos factuales, la cumbre del delirio, las circunstancias agazapadas sobre el pedestal del juez inconciente.
  Ya mis rayos apuntando al sol acarician los pañuelos de la rebeldía  que tantos años han esperado para conquistar la paz. A la paz no se llega tranquilamente como lo hace la ordenanza a la tranquilidad. A la paz se la conquista, se la trabaja, se la ríe y se la enoja hasta saber que es siempre ese estado de rebeldía y cambio todo el tiempo sin encontrar la paz. 
 Pero el Dios ha formado los diques y los acertijos para que juguemos en ellos, para que revoloteemos unos frente a otros con nuestras caras y nuestros cuerpos, y nuestra paz escondida en algún rincón, esperando destapar la felicidad alborotada dentro de nuestros pies y nuestras narices;  la pronta levitación trepando por las piernas, como el miedo aferrado al vacío.
 Aún me preguntaba si existía la posibilidad de andar lleno de gloria.
 La escena constante,  y la magra delicadeza de hacerse a un lado cuando viene el atropello. La demencia desconfigurada. 
 Al fin el humo se disipará con la sombra, abrirá grandes bocanadas de dolor por la espalda y se apretujará en el corazón marchito.
 Esto se digerirá como vómito nunca salido. 

  Allá en la montaña del rascacielos más inmenso del mundo, un bostezo se abre inhalando todo el perfume ensuciado de los hombres impuros. Las memorias aguardan todopoderosas el estrangulamiento de la verdad anquilosada, esperando su hurto, esperando su redención.  Y mientras nos seguimos acariciando, y mientras estamos uno al lado del otro esperando subir esa montaña y olfatear con nuestras narinas toda la broma. Mientras te cuento un cuento donde hay animales y hay felicidad; y en un auto un padre llamado Pablo le cuenta una historia de un caracol a su hija de cinco años llamada Zambá.


viernes, 5 de agosto de 2011


Cuando me refería a que me amaras, pensaba algo así como lo hacen las guitarras en una noche que se adentra por
  las sombras y el frío apaciguado junto a un fuego lento y constante. Y que en ese crispar, en asas llamas radiantes
  de placeres y vinos, y bosques, las tierras que han sido soberanas mías, puedas beberlas y recuperarlas.

¿ Por qué cuando todo es triste y oscuro se abre la felicidad como sanguijuela que atraviesa las partes más simples de la expresión humana?  Como los tambores de la tierra, como las lluvias. Como los rostros humanos.

 Cerrá tus lindos ollitos, durme durme.
  Voy a dejar caer otra piel.

dentro


   Dentro del cuerno de la guampa, todavía la yerba  en mezcla con el cuero,
  conserva una sangre que es arrastrada desde tierras coloradas y naranjas, negras oscuras.
  Al succionarse se implementa un mecanismo salvaje de saliva que se traga por la laringe
 y se vuelve vaca y pichón de no se qué terreno donde lo habitan la familia Zendoa.
 Será por San Cosme y San Damián.
 Cuando se aprieta ese cuajo de esternón, y la rúbrica de esa pieza se volverá hacia mis manos,
 pienso en todo, en la bestialidad que mata el hambre de las personas, que sacia el alma. Y que sangra las manos,
sobre el cuero caliente. Sobre la fragancia lejana. Es rica.  Se lamenta decir que se saborea rudamente en el paladar
 más refinado como el más rústico y silvestre. 
 Ahora cierta escritura que se ha formado quién sabe de qué piso ha salido, de qué árbol, de qué esperma, de
 qué guijarro en el cual mis cinco dedos acariciaban el barro, moldeaban la arcilla y la cerámica. Quizá todo eso
 es parte, y quizá no.  O el esperma dejado la noche anterior.  O las horas y las pieles. O el rasguido de esas
 cuerdas.
  O la cicatriz en el viento.